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El punto de inflexión: ¿Elección interna o preseleción?

Nos encontramos en el punto de inflexión de un nuevo ciclo eurovisivo. Aprovecharé este momento de ‘relax pos-eurovisivo’ para dar mi opinión sobre que es lo que convendría a Televisión Española y su participación en el festival de Eurovisión.

Esta claro que hagamos lo que hagamos, parece que siempre lo hacemos mal. Nuestras dos últimas candidaturas escogidas a través de una final nacional han acabado en el bottom, y nuestras dos últimas elecciones internas también. ¿Lo hacemos todo mal, o eso nos queremos creer?

Es cierto que desde que Ruth Lorenzo fue a Eurovisión, no levantamos cabeza, llevemos algo que gusta y cuaja en Europa (en un primer contacto) o llevemos algo que no gusta desde el principio, quedamos mal. Esto no se debe a la falta de promoción internacional, pues he de decir que estos dos últimos años lo hemos dado todo en ese aspecto. ¿Qué falla entonces?

Mi idea parte de una falta de interés en ganar el festival por parte de Televisión española. Considero que ven más importante la audiencia que el buen resultado, pero no se deben de dar cuenta que los malos resultados afectan en negativo a la audiencia. Es cierto que en TVE hay un equipo de personas que se les ve muy ilusionados y dedicados al festival, no voy a entrar en nombres, ya los conocéis. También es cierto que los dirigentes parecen mostrar desinterés por el asunto, y se refieren a él como una obligación y no como una ilusión (excluyo de aquí a la nueva dirigente de la delegación española, creo que hay que darle un voto de confianza).

Pero esto no es el único motivo de nuestro fracaso, ya que muchas veces somos los propios eurofans los que perjudicamos nuestras candidaturas. Está bien que en una preselección apoyes a tu favorito, y puedes ver cosas justas o injustas. Pero un consejo, una vez elegido hemos de ir todos a una y no machacar año tras año a nuestros artistas, porque ellos hacen su trabajo e intentan cumplir su ilusión, y esto sería más fácil con el apoyo de todo un país. Puede que nos guste o puede que no, pero si no los vamos a apoyar, por favor pido que no se les machaque psicológica y verbalmente.

Ahora he de terminar este asunto diciendo que debemos de ser renovados y cuidados en la elaboración de puestas en escena. Nos encontramos en un concurso en el que la escenografía tiene mucho peso y la imagen visual puede dejar a un temazo en un mal puesto por culpa de una mala puesta en escena. Creo que este año la puesta en escena de Manel ha encajado en lo que el artista quería transmitir, y a mí por lo menos me ha gustado. Pero es verdad que si todos los países llevan puestas vistosas (lo cual no significa petardeo) nosotros nunca resaltamos en ese aspecto. No digo que haya que ganar llevando fuegos artificiales, cintas de correr o gorilas bailando (que siempre gustan), sino también se puede llevar algo sencillo y resaltante.

Ahora planteo la pregunta del millón: ¿Elección interna o preselección nacional?

Yo considero que lo más justo sería una preselección nacional, donde se seleccionen las mejores canciones por el interés del festival y por la aclamación popular. Dado que no contamos con un sistema de elección diseñado, también creo que lo mejor es que hasta que no encontremos una fórmula que pueda funcionar, es mejor una elección interna.

No podemos cambiar el sistema de votaciones de nuestras preselecciones cada año, porque siento decirles que eso no es renovarse es engañar a la audiencia, y jamás se me pasaría por la cabeza que el voto de tres miembros del jurado, cuente más que el de miles de personas del público. Primero porque el público se gasta su dinero en votar, y el jurado cobre. Y lo más importante, aunque cada vez el interés por votar sea menor (debido a los malos resultados y al alto coste) el voto de un público (sea mucho o poco) es el que debe primordiar, porque al fin y al cabo es el que alimenta un programa y el que le da beneficios a la televisión.

Por estos motivos, creo que lo más correcto es que utilicemos un mecanismo de selección interna hasta que tengamos un mecanismo de selección que nos defina como país y que atraiga ya no solo al publico nacional, sino a la cantidad de eurofans de otros países que ven las galas. Así sea cual sea la decisión, ni se formarán batallas campales en torno a los aspirantes, ni caeremos en las críticas y el ridículo de una gala sin organización y con fallos de sonido y realización.

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