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Carta a Pastora Soler

Querida Pastora:

No sé si algún día leerás esto, pero yo te lo escribo igualmente.

Ayer o anteayer conducía yo hacia el trabajo y a pocos metros de la oficina surgió Quédate conmigo en ese reproductor mp3 que me anima por las mañanas. Pensé en ti y en cuanto tiempo hacía que te habías retirado de los escenarios. Mientras se me ponía la carne de gallina otra vez al oír tu voz y recordar tu actuación en Baku me pregunté si podríamos volver a disfrutar tu arte pronto. Se te echaba de menos.

Imagínate la impresión que me causó el saber pocas horas después que habías anunciado tu regreso. Porque sí: se supo la noticia la tarde que siguió a aquella mañana en la que te escuché estando al volante. Primero me sorprendí y después la alegría, el júbilo y el gozo me invadieron. Por fin la gran Pastora Soler volvía a para reclamar su puesto. Un retorno anhelado desde hace largo tiempo. Desde el mismo instante en el que nos entristeciste con la noticia de que te ibas para posiblemente volver. Una punzadita de angustia y zozobra causó saber que te ibas sin tener la certeza de cuándo volverías. Y pena, mucha pena. Se hacía a un lado una cantante que emociona a quien la oye. Contigo se iban las sonrisas, la nostalgia, las alegrías, la turbación, todas las emociones que inspiras cuando cantas. Tus discos quedaban, pero tus actuaciones en directo y posibles nuevos proyectos con tu sello quedaban en el aire.

Afortunadamente no nos dejaste del todo y compartiste con nosotros que Francis y tú habíais sido padres de una pequeña Estrella que seguramente ilumina vuestras noches y vuestros días. Y nosotros nos alegramos por ti, aún echándote de menos.

Durante este paréntesis habrás vivido tus propias aventuras. Esas historias de cada día que se nos antojan rutinarias pero que pueden ser tan laboriosas como una escalada en vertical. Parece que has ganado muchas cosas en esta etapa. La prueba es que estás de vuelta con tu público. Ese que te admira, que no te olvidó y que esperaba ansioso que llegase este momento.

Juro que he escuchado tus canciones muchas veces y me apenaba la idea de que no estuvieras en activo. Esta semana, conduciendo y escuchándote, fue la primera vez que me asaltó la idea de qué sería de ti y me pregunté cuándo volverías. A las pocas horas descubrí que tu regreso era un hecho y me hizo ilusión pensar que tuve una premonición o que de algún modo me leíste el pensamiento. Claro que llevabas meses sopesando la idea seguramente, así que esto último probablemente sean bobadas. Pero son mis bobadas y me encantan.

Te agradezco que vuelvas y más aún te agradezco tus canciones y tus actuaciones en directo sobre escenarios y en televisión. Te doy las gracias por tus vídeos musicales, por tu arte, gracia y salero. Por tu sonrisa y por tu voz. Porque tu duende me hace pensar en Andalucía. Cada vez que este español andaluz te escucha siente el calor del sol de Cádiz y el olor del Mediterráneo y de la Campiña de Jerez. Vivir tan lejos de aquellos lugares en los que crecí es doloroso. Cualquier cosa que te haga soñar con tus recuerdos de infancia y juventud se aprecia con más intensidad en una situación como la mía. Tu música lo consigue porque tú sabes captar y compartir la esencia de esa, nuestra Tierra. ¡Bravo, Pastora!

No quería despedirme sin decirte que tu paso por Eurovisión es recordado y admirado por los fans apasionados del Concurso de la Canción. De hecho fuiste la favorita de muchos, entre ellos una amiga mía danesa. Para ella la ganadora eras tú. Ahí queda eso. España puede estar orgullosa de que la representaras.

Deseo que sigas desencadenando la nostalgia y los recuerdos de mis días y mis noches en la Tierra desde la que veía a la vez el Atlántico y el Mediterráneo. Esta vez sí, Quédate conmigo. Con todos nosotros, los que no queremos volver a echarte de menos. Porque si no estás, no sale el sol.

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